La Santa Inquisición "Inquisitio heretice pravitatis" Encuesta sobre la perversidad hereje Historia En 1478 Sixto IV autoriza y en 1480 los reyes nombran inquisidores para depurar la sociedad de "malos cristianos, así hombres como mujeres, apóstatas y herejes, los cuales no embargante que fueron bautizados tomando solamente el nombre de apariencias cristianas se convierten y tornan a la secta y superstición y perfidia de los judíos y los que conversan y participan con ellos se inficionan y mancillan de aquella misma infidelidad y herejías " Así nació la obra más criticada de los Reyes Católicos, la Santa Inquisición antigua en su existencia pero nueva en España. Texto oficial de la autorización de los primeros inquisidores . Don Fernando y doña Isabel, por la gracia de Dios Rey y Reina de Castilla, de León, de Aragón, de Sicilia, de Toledo, etc..., a vos, los venerables padres fray Juan de San Martin, bachiller presentado en santa Teología, vicario de la Orden de los Predicadores, salud y gracia. Sabed que nuestro muy santo Padre, conociendo que en muchas y diversas partes, ciudades, villas y lugares de estos reinos y señoríos había algunos malos cristianos, tanto hombres como mujeres, apóstatas y herejes, a pesar de que han sido bautizados y recibieron el sacramento del santo bautismo, sin que se les hiciese apremio ni fuerza, teniendo y tomando solamente el nombre de cristianos, se han convertido y tornado a la secta y superstición y perfidia de los judíos, guardando las ceremonias, ritos y costumbres judaicas y se han apartado de la verdadera creencia y honra de nuestra santa fe católica y de los artículos de ella que todo buen y fiel cristiano debe observar y creer, y con poco temor de Dios, y en menosprecio de la santa madre iglesia, se han dejado incurrir en las sentencias y censuras de excomunión, y en otras que por los derechos y constituciones apostólicas fueron y son establecidas contra los tales, de lo cual ha resultado y resulta que no solamente tales infieles y malos cristianos han permanecido y permanecen en su ceguera y obstinación herética, sino que también sus hijos e hijas y sus otros descendientes, y los que conversan y participan con ellos, se infectan y mancillan de aquella misma infidelidad y herejía. Conociendo todo ello, a petición y súplica nuestra, Su Santidad nos concedió y otorgó cierta facultad para que Nos pudiésemos elegir y diputar dos o tres obispos o arzobispos, y otros varones ejemplares y honestos, que fuesen presbíteros, seglares o religiosos y que sobrepasasen cada uno de ellos la edad de cuarenta años, y que fuesen personas de buena vida y conciencia, y maestros o bachilleres en santa Teología, o doctores o cánones, o licenciados hechos y graduados por rigor de examen para que los tales fuesen inquisidores, en cualesquier partes de nuestros reinos y señoríos para los cueles los eligiésemos y disputásemos, para que pudiesen inquirir y proceder contra los tales culpables y manchados por dicha infidelidad y herejía y contra los que los favorecen y acogen, y que los pudiesen penar y castigar, usando con respecto a lo susodicho de todo el poderío, jurisdicción y autoridad de que usan y pueden usar, tanto por derecho como por uso y costumbre, los jueces eclesiásticos y ordinarios y los inquisidores de la herejía, para que pudiésemos, siempre y cuando nos pereciese bien, revocar y remover a los tales elegidos y diputados por nosotros para dicho oficio y cargo y sustituirlos y poner otros en su lugar, según que más largamente se contiene en ciertas cartas la facultad suscrita por nuestro muy santo Padre, dirigidas a nos. Por lo tanto, Nos los dichos Reyes don Fernando y Reina doña Isabel, con el gran deseo y celo que tenemos porque nuestra fe católica sea ensalzada, honrada y guardada, y que nuestros súbditos y naturales vivan en ella y salven sus almas, y para que se eviten los grandes males y daños que podrían sobrevenir si lo susodicho no recibe castigo y enmienda; y porque a Nos, como Reyes y soberanos de estos nuestros reinos y señoríos, nos pertenece proveer y remediar acerca de ello; y porque queremos que tales malos cristianos sean castigados, y los que fueren fieles y buenos cristianos sean libres de toda mancha e infamia, y que los unos no padezcan por los otros, aceptamos dicha comisión y facultad otorgada y concedida a Nos por nuestro muy santo Padre.
La Santa Inquisición fue abolida en España en el año 1812, y aunque siempre fue más dura que la italiana, no fue tan terrible como su fama parece indicar. Hay que tener en cuenta la época en la que estuvo activa y pensar que la tortura era práctica habitual en todas las cárceles del reino. Es más para los inquisidores era más sencillo conseguir una confesión a base de aislamiento y tiempo que torturando, cosa que en las cárceles civiles era todo lo contrario pues se creía que sin tortura no había confesión. Una manera típica de actuar sería así: Llegada a la casa del sospechoso, los soldados llaman a la puerta y gritan " ¡ ABRAN A LA SANTA INQUISICIÓN ! " debía bastar esto para helar la sangre de cualquier ciudadano, y la pregunta normal del detenido era: ¿ Porqué ? , no era contestada en absoluto, al contrario, en su primera entrevista con el instructor de la causa, éste le preguntará a él si sabe porque está preso. Esta frase, aparte de desconcertar al preso que cree que es más lógico que sean sus carceleros los que se lo digan, servirá para que cite incautamente algún otro delito suyo que el Santo Oficio ignoraba y que se unirá al que ya sabían o, al menos, sospechaban. Luego se le preguntará si ha habido algún judaizante en su familia, o penitenciado por el Santo Tribunal. Se le mandará decir el Padre Nuestro, el Ave María, el Credo, los Artículos, los Mandamientos de la Ley de Dios y de la Iglesia, los Sacramentos, y si no las supiere o se equivocara al recitarlas, es indicio éste vehementísimo de su falta de cristiandad. Si quedaba detenido tras este primer contacto, el aislamiento prolongado sin saber nada de su familia ni tan siquiera del motivo de su detención hacían el resto. La tortura se permitía en testigos no sometidos a juicio, cuando no había otro modo de descubrir la verdad. En resumen más allá del dolor físico de la época, lo peor de ser juzgado por el Santo Oficio era sin duda el daño psicológico producido, no solo en el acusado , condenado o no, si no también en su familia ya que desde el momento que eran sospechosos de algún tipo de delito ya estaban marcados de por vida, el San Benito recibido era cruel y muy duradero.
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