
Los capiteles del templo tuvieron que ser formidables, pero el tiempo y una restauración cuanto menos, polémica, nos han dejado lo que podéis ver.
El tamaño de los elementos, protagonistas de cada capitel, la textura y la talla simple, pero capaz de transmitir con energía y vigor lo que quiere el maestro cantero en cada momento. Figuras humanas entre la vegetación, aves y leones enfrentados, temas conocidos y acordes a la zona.
Los elementos vegetales cobran vida, casi parece que se encuentran en el momento propicio para su recolección. Dos diablos arrastran al pobre condenado hacia su fatídico destino.
Los cimacios son idénticos a los del templo de Duratón, lo cual indica la continuidad del taller por estas tierras, por lo demas bastante cercanas.
Resumiendo, no me esperaba encontrarme con una escultura tan viva, y sin embargo de tan poca fama por la provincia, no se porque me da, que las restauración de los capiteles tiene algo que ver.
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