

El ábside luce una ventana realmente hermosa, bien realizada y esculpido primorosamente, por no hablar del valor simbólico de los elementos tan conocidos, pero siempre igualmente sugerentes.
Arco de medio punto con pequeña saetera y guardapolvos ajedrezado en la parte superior. Dos columnas con sus capiteles muy bien trabajados, que nos regalan unas sirenas de doble cola en el derecho, y unos leones enfrentados en el izquierdo, las dos colunmas tienen cimacios decorados con una flor de cuatro pétalos en el interior de dos círculos concéntricos.
La belleza del ventanal, junto con el fuerte aroma a incienso que desprendía la sacristía del templo, mientras me volvía loco fotografiando los canecillos del ábside, me han dejado un recuerdo ciertamente agradable.
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