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Situada en un lugar mágico donde su presencia se funde con el entorno, al igual que su leyenda se confunde con la historia. Sea como fuere, estamos ante uno de los templos mas emblemáticos de Segovia, tanto por su situación como por su peculiar arquitectura.
Lo mas sencillo para ir al templo es ir primero a Sepúlveda, concretamente al templo de San Miguel, convertido en centro de interpretación de las Hoces del Río Duratón, actual espacio protegido para la conservación y crianza del buitre leonado, siendo uno de los lugares mas importantes de toda Europa en esta labor. Enclavado en el término municipal de Carrascal del Río, aunque su puerta de acceso natural,se encuentra en el pueblo de Villaseca, donde se accede a un camino de tierra que tras unos 4 km. aproximadamente termina en un pequeño aparcamiento, desde el mismo habrá que recorrer unos novecientos metros para llegar al Priorato, se recomienda calzado cómodo.
Hagamos un poco de historia, la península que forman las hoces del río Duratón, se habitó desde el neolítico (cueva de la Nogaleda), aunque fue mas importante para la zona la Edad del Bronce, en época visigoda, empezó la tradición eremítica que llego a su máximo exponente con el patrón de Segovia, San Frutos (642-715). San Frutos era el mayor de tres hermanos, Valentín y Engracia, que vivían en el seno de una familia acomodada, a la muerte de los padres, decidieron vender todas sus posesiones y trasladarse a este lugar para dedicarse a la oración, y así hizo San Frutos hasta su muerte a los 73 años de edad, a la muerte de San Frutos sus hermanos partieron hacía Caballar donde fueron apresados por los moros y martirizados hasta morir. Sus restos con el tiempo fueron trasladados aquí, a excepción de sus cabezas que supuestamente, se conservan en un relicario en el templo de Caballar, y se utilizan en épocas de sequía, sumergiéndolas en una fuente para que llueva, la gente del pueblo lo llaman "las mojadas". San Frutos fue muy querido en su tiempo por su dignidad y por algún que otro milagro que se le atribuye. Alfonso VI dono San Frutos en el año a 1076 al Monasterio Benedictino de San Sebastián de Silos, siendo Abad Fortunio y maestro de obras Don Michael, en el año 1100 fue consagrada por Bernardo, arzobispo de Toledo, todo esto consta en una inscripción hoy medio perdida, que había en el Priorato. Alfonso VI concedió muchos privilegios al Priorato, tantos que finalmente chocaron con los intereses de Sepúlveda, que también tenían privilegios recogidos en su famoso Fuero. La supuesta fecha de construcción coincide en el tiempo con la de El Salvador de Sepúlveda, con la que guarda muchas semejanzas, aunque en un estilo menos elaborado. En la actualidad se conserva principalmente la iglesia original, de una sola nave dividida en tres tramos, lógicamente con el tiempo el resto se modifico cuantitativamente, en la actualidad tiene dos ábsides con sus correspondientes saeteras, también se cambió la portada de acceso por una mayor, quedando la antigua tapiada. Dentro del recinto vemos lo que queda de los dos pisos que llego a tener antes de la famosa desamortización de Mendizábal, que supuso su abandono total, y del pavoroso incendio del siglo XIX que acabó de rematarlo en ruina. Vemos algunas dependencias, como la cocina, las caballerizas, algunas habitaciones, la puerta de salida al cementerio... en fin poco de lo mucho que llego a ser. En el lado norte de la ermita esta la portada actual de entrada, formada por guardapolvo y tres arquivoltas lisas que apoyan sobre cimacios vegetales y piletas totalmente lisas, el conjunto sobresale ligeramente del resto de la fachada, y justo en la parte superior podemos ver una ventana de arco de medio punto con guardapolvos ajedrezado y baquetón liso en su interior, que apoya sobre dos columnillas con sus correspondientes capiteles, en esta ocasión si decorados. La decoración que presentan es de entrelazo, adornado con otros símbolos de complicada identificación. Al lado izquierdo vemos una pequeña ventana correspondiente a un lateral añadido al templo, y al lado contrario tenemos una pequeña fila de arcos que separaban varias dependencias, en este pasillo correspondiente al lado sur del templo tenemos lo que queda de la anterior portada, así como los canecillos originales de la obra y las inscripciones que expongo debajo de estas líneas. Justo al fondo se alza la espadaña con dos vanos que ocupan sendas campanas. En la primera fotos vemos, lo que pudiera ser un borrador fallido de la inscripción que comentábamos al principio de la web, solo se puede leer en ella la fecha de construcción, alrededor del 1100. En la segunda foto vemos una marca de cantería, tal vez un juego, le sigue una curiosa inscripción que narra otro de los milagros atribuidos a San Frutos, es este caso cuenta la leyenda de una mujer que fue despeñada por su marido en uno de los farallones de las hoces, la mujer no solo no murió si no que se quedo a vivir en el Priorato como eremita. Y la última parece una estela funeraria, tan común en los romanos.En los muros verticales del cañón, hay muchas cuevas propias a la tradición eremítica del lugar, entre ellas se encuentra la famosa cueva de los Siete Altares, y otra cavidad que acoge el Monasterio de la Hoz, de los padres Franciscanos que se derrumbó el 7 de septiembre de 1492 y fue reconstruido por los Reyes Católicos, los monjes se salvaron, como no, gracias a la intervención del Santo.
En la entrada nos recibe una enorme cruz de hierro, recuerdo de la gran peregrinación a este lugar propiciada por el obispo segoviano Quesada en 1900, y como tributo a San Frutos, en su interior podemos ver siete llaves que corresponden con las siete puertas de la villa de Sepúlveda.
Como viene siendo habitual con mi acostumbrada suerte, el interior del templo estaba cerrado. Otra vez será.

Hay lugares en la naturaleza que realzan el espíritu elevándolo a otra dimensión, sin duda, San Frutos se encuentra en esa categoría.