Caracena es hoy en día un pequeño pueblo, tan pequeño como que se pueden contar sus habitantes con los dedos de las manos, pero no siempre fue así.
Situado en tierras sorianas y con un acceso realmente complicado para el siglo XXI. Hay que tomar la carretera que parte de Burgo de Osma y justamente al final de la misma se encuentra Caracena, si digo al final, ya que ahí termina debido al barranco (los cotos) que dificulta su continuación y que debido a la erosión de las aguas del río Caracena forman las hoces del mismo nombre.
La carretera (SO-180) que nos lleva a la histórica villa, es muy estrecha, es como un guiño al pasado por no decir que es una pesadilla moderna para un país civilizado. Por otra parte tan normal como muchas otras que nos llevan aquí y en otras comunidades a otros pequeños pueblo semiabandonados, entre otras cosas por su evidente incomunicación.
Pero centrémonos en lo realmente importante, su historia.
Rollo de justicia, cárcel, hospital, dos iglesias románicas y un imponente castillo, esto no se edificaba en cualquier lugar, solo en un sitio importante y Caracena lo era sin lugar a dudas. Incluso en la actualidad y pese a todo según te acercas a la villa y contemplas su sobrio paisaje castellano, rudo, pero lleno de magia y encanto, es un reencuentro con nuestro pasado mas batallador.
Hagamos justicia con la villa que fue cabeza de la Villa y Tierras de Caracena, allá por el siglo XII, con mas de treinta aldeas bajo su jurisdicción. Hecho demostrado en una sentencia del Cardenal Guido de Bolonia quien, en 1136, adjudica a la diócesis de Sigüenza “...Caracena con todas sus aldeas...”. Hecho que Alfonso VII subsanó el día 16 de septiembre del año 1138 a cambio de la población de Seron, poco despues volvería a pasar a manos de la diócesis de Sigüenza, hasta que en el año 1146 de nuevo Alfonso VII intervino cambiando la población por las salinas de Santiuste y alguna otra propiedad, ya de manera definitiva.